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martes, 28 de junio de 2011

Diga 33!



Tal día como hoy, hace la friolera de 33 años ya, llovía, nada que ver con el final de mes que estamos teniendo este año; aunque de ese dato en concreto no me acuerdo, me lo creo a pies juntillas porque siempre me han dicho que fue así, y no tengo porqué dudar de la palabra de mis creadores... La realidad es que en ese día en concreto, yo no estaba para mirar por la ventana a ver qué tiempo hacía; me dedicaba a otras cosas más delicadas que requerían todo mi esfuerzo, el mayor esfuerzo que jamás haya realizado! Debía cambiar mi configuración craneal, aguantar la respiración y empujar con todas mis fuerza mi cuerpecillo por un canal tremendamente estrecho... Tarde muuuuuuuchooooo en completar con éxito la misión y es que, ya desde ese momento la pereza me seducía y me invitaba a esperar, total, al final iba a salir igual y no sabía muy bien cuál era el premio que me aguardaba.

 Con el paso del tiempo he de decir que, de momento, el premio ha sido considerable y que, quizás, no debí esperar tanto, más que nada porque la que sufrió esa espera no se lo merece en absoluto. 

 Espero que los años venideros, que son muchos, no lo dudo, sean, por lo menos, tan buenos como estos 33!

jueves, 23 de junio de 2011

La crisis (relato corto)

Entonces sucedió, el huracán empezó a moverse en dirección al pueblo, todo se hacía añicos a su paso. Las gentes huían despavoridas ante la inminente desgracia. Todo era caos, gritos, llantos y plegarias,.....

 Y, de repente, silencio.
 Sólo el viento se atrevía a emitir sonido. El huracán se encontraba ya muy lejos de allí.

 De entre los escombros salió una mujer menuda y anciana, se sacudió las ropas y miró a su alrededor; empezó a caminar lenta, pero decididamente hacia la entrada del pueblo. A su paso, cogió un farol, un mazo y unas cerillas que encontró.
 Tímidamente otras personas fueron apareciendo de entre las ruinas y se quedaron mirando a la anciana. Ésta seguía su lento camino. Llegó por fin a los límites del pueblo, encendió el farol y lo dejó a un lado, cogió el letrero del pueblo, se lo quedó mirando, quemó una astilla que encontró entre los escombros y reescribió correctamente el nombre en el letrero, luego, asió el mazo entre sus manos y lo clavó en la tierra. Se secó el sudor de la frente con el dorso de su mano, se arremangó, giró sobre sus pies, y se puso a apartar cascotes y separar todo aquello que aún era útil.
 Nadie dijo nada, nadie preguntó. Poco a poco, todos aquellos que salían de entre los escombros no podían por menos que imitar a la determinada mujer. Poco a poco, el pueblo volvió a ser como había sido antes del incidente; se volvieron a oír risas, cantos y bullicio y una llama de orgullo se prendió en el interior de sus habitantes, para no extinguirse jamás.

miércoles, 22 de junio de 2011

Inquietudes

En mi cabeza guardo siempre múltiples ideas de cosas para hacer que nunca llegan a materializarse, crear un blog siempre fue una de ellas, pero no tenía claro el por qué o el para qué. El tiempo va pasando y finalmente me he decidido a dar a luz a este blog, no sé muy bien qué escribiré en él, si habrá un tema central o si simplemente cada vez que escriba saldrá algo nuevo y diferente, ya veremos. 
De momento éste es el primer escrito, supongo que como todo primer escrito es vago, impreciso y bastante ingenuo. Ya veremos hacia dónde se dirige este camino!