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viernes, 26 de agosto de 2011

Una historia


Te sientes atraída por alguien, hasta el punto de incorporarle en tus fantasías sexuales aun creyendo firmemente que nunca se harán realidad (por circunstancias ajenas a ti misma) y, sin embargo, contra todo pronóstico, meses después de que hayan empezado, esa persona y tú os liais.
No sabes muy bien cómo ha pasado aunque es un clásico, noche de borrachera, que si te acompaño a casa, que si no hace falta, que si es mi obligación, soy un caballero y no te voy a dejar ir sola, que si he ido mil veces sola así que no me vengas con esas...  y al final, “haz lo que quieras” y te acompaña, y sin saber cómo, porque el alcohol es un mal compañero y se empeña en no registrar en tu memoria los momentos clave, ha subido a tu casa y os estáis liando. Luego llega el día siguiente, cuando en tu cabeza se juntan la resaca y las preguntas, ¿se puede saber qué ha pasado? En qué momento se desencadenó todo? Pero no tienes el día para pensar demasiado en profundidad así que lo dejas para el siguiente.
El siguiente tu mente está más despejada, dejas de pensar en los porqués y te centras en el ¡Coño! Que nos hemos liado! Esto no estaba planeado, pero qué narices, me gusta! Y decides que no puede quedarse en el intento de la noche de borrachera, así que propones otro encuentro y va él y acepta! Bien, de momento en tu cabeza no te planteas nada más que repetir porque sólo existe el deseo más ardiente y sólo piensas en sexo. Llega el día y, cómo no, en un estado de sobriedad, la tensión reina en el ambiente, no sabes bien qué piensa el otro de todo esto y no sabes bien qué piensas tú, habláis y habláis de relaciones, a ninguno de los dos os motiva la idea de establecer compromisos, llamémoslos “serios”, o al menos eso decís. En tu caso es una cuestión de experiencia, nunca has establecido nada “serio”, así que por qué iba a ser diferente en este caso? Hasta ahora no habías tenido problemas en ese aspecto, un lío es un lío y cuándo te cansas y la cosa no da para más, se acaba y a otra cosa; pero ya te estás engañando, porque este caso sí es diferente, porque ya habías incorporado a ese alguien en tus pensamientos anteriormente, porque el mero hecho de haberos liado no ha sido casual; para ti, para tu mente, ha sido un logro, una conquista y para tu mente (maldita química humana) ese subidón de ego es el equivalente al viaje más increible que cualquier droga pueda darte, así que quiere más.
Evidentemente os volvéis a liar, una, dos, tres veces... no muy asiduamente porque circunstancias externas lo impiden y porque tu droga personal tiene las cosas mucho más claras que tú (no debe haberle enganchado tanto) y marca los tiempos de manera implacable, cosa que hace que entres en períodos de abstinencia difíciles de soportar, pero eres una estoica y los soportas, vaya si los soportas, por eso y porque en tu mente la idea de la droga se va haciendo más fuerte, y la decoras (malditas películas, libros, canciones y psicologías baratas) y creas un mundo alrededor de tu droga, un mundo bonito dónde te sientes a gusto. Ahí ya no tienes escapatoria, te peleas contigo misma, tu lado más equilibrado intenta escapar de la ensoñación creada, porque ve que las cosas no van por ese camino, que los hechos, racionalmente interpretados, van hacia esas relaciones que tú misma has tenido antes, esas en las que estabas segura de que no iba a haber nada más y controlabas perfectamente el ritmo, los tiempos, esas de las que escapabas al mínimo síntoma de pretender convertirse, por parte del otro, en algo diferente a lo que hay; sólo que esta vez él era el controlador y tú el elemento del que librarse si intentabas cambiar las cosas. Tú eres sincera, te gusta serlo porque crees que es la mejor manera de lidiar en este mundo de relaciones, así que le cuentas tus dudas, la batalla interior que experimentas y él..., bueno él .., él te ratifica que no ha cambiado de opinión, que sigue pensando que lo mejor es no comprometerse y que siente que te sientas así, y os volvéis a liar, parece que, de momento, por última vez, sólo que tú no eres consciente de ello en ese momento.
Dadas las circunstancias y dejando a tu lado racional tener más peso que el idealista drogado, decides que, en realidad, ya está bien así, no eres, nunca lo has sido, de las que sienten envidia viendo a las parejas pasear por la calle y hacerse arrumacos, más bien todo lo contrario, nunca has pensado que tú pudieras formas parte de eso, expresar tanto delante del mundo no es algo que te guste, es más, te asusta, por eso siempre has elegido no tener relaciones “serias”, evitarlas, para no sentirse tan expuesta, tan vulnerable. Y piensas que lo único que quieres de esa persona, en realidad, es poder compartir una amistad, evidentemente con sexo de por medio, pero sin nada más, sin presiones, sin control, sin obsesión, y piensas así el 80% del tiempo, lo malo es el otro 20%, en el que gana el lado drogado, en el que te invade una vena romanticona y disneyniana que encima tiene una capacidad de acción irrefrenable y que comete multitud de errores. Bueno, sólo tienen que pasar los días, las semanas, algunos meses, y ese 80% se incrementará y el 20% disminuirá, porque él, desde aquella última vez, te ha demostrado que no cambiará el rumbo de los acontecimientos y porque tú, realmente, prefieres que sea así. Ahora queda lo más difícil para todo ser humano (porque mira que nos putearon al retorcer tanto nuestro cerebro para que cupiera más en tan pequeño espacio y poder así pensar, soñar, hablar,...), intentar mantener una amistad y no perder el contacto después de todo lo pasado. Sinceramente espero que podamos lograrlo.

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